{"id":116390,"date":"2021-03-14T19:52:31","date_gmt":"2021-03-14T23:52:31","guid":{"rendered":"http:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=116390"},"modified":"2021-03-14T19:52:32","modified_gmt":"2021-03-14T23:52:32","slug":"arda-arda-me-quieren-llevar-son-ellos-arda-miralos-ahi-miralos-ahime-van-a-matar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2021\/03\/14\/arda-arda-me-quieren-llevar-son-ellos-arda-miralos-ahi-miralos-ahime-van-a-matar\/","title":{"rendered":"Arda, Arda, me quieren llevar, son ellos Arda, m\u00edralos ah\u00ed, m\u00edralos ah\u00ed\u2026me van a matar !"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-116391 alignleft\" src=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1516551285881.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"200\" \/>Relato:<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0Emiliano Reyes Espejo<\/strong><\/p>\n<p><strong>ere.prensa@gmail.com<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el sargento Guaba lleg\u00f3 a Tamayo los pobladores los ve\u00edan con ciertos recelos. Se mostraba desconfiado y en cierto sentido poco amistoso. Con la tez blanca y pelo negro abundante, \u00e9ste ten\u00eda un aspecto regordete y el cintur\u00f3n del revolver se le ve\u00eda semioculto debajo del abultado vientre, dando apariencia del t\u00edpico polic\u00eda de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>De mirada escrutadora y sonrisa maliciosa, el accionar de este hombre delat\u00f3 la veteran\u00eda obtenida en su largo historial en las lides policiales. En su interacci\u00f3n con la gente pon\u00eda de manifiesto un manto de recelos hacia un pueblo que apenas comenz\u00f3 a conocer.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n nadie la sabe. Parece que desde un principio temi\u00f3 que surgiera algo, un acontecimiento imprevisto y por eso se manten\u00eda vigilante, expectante tal \u201cguinea tuerta\u201d, dispuesto a usar el arma de reglamento ante cualquier eventualidad.<\/p>\n<p>Esta comunidad del Sur Lejano ten\u00eda imagen de ser un pueblo \u201crebelde\u201d, \u201crevolucionario\u201d. En este contexto de la sociedad tamayense bull\u00eda una juventud con aire de indocilidad que se incub\u00f3 desde los tiempos de la tiran\u00eda.<\/p>\n<p>De all\u00ed surgieron estirpes como los fenecidos primos Amable y Rafael Reyes, don Negro Reyes y el m\u00e9dico Manuel Alc\u00e1ntara (propietario de la Cl\u00ednica Altagracia, ubicada en la calle Sabana Larga, de Santo Domingo Este). Tambi\u00e9n, los hermanos Plinio y Manuel Matos Moquete, entre otros j\u00f3venes y mozalbetes que\u00a0 osaron entonces desafiar el terror de la tiran\u00eda trujillista y luego las persecuciones balagueristas.<\/p>\n<p>Los habitantes de este poblado, sin embargo, eran gentes apacibles, conservadoras, que se dedicaban mayormente a la producci\u00f3n agr\u00edcola, a trabajar en predios del ingenio Barahona y al comercio. Algunos eran due\u00f1os de tiendas para las ventas de ropas, calzados y chucher\u00edas.<\/p>\n<p>Nos traen memorables y nost\u00e1lgicos recuerdos las tiendas del \u201cturco\u201d Adolfo Morales, de Nayo M\u00e9ndez, Mimiro, Federico Abud, Renato Arias y la Farmacia de Los M\u00e9ndez, el mercado p\u00fablico y otros negocios que eran los activos que dieron vida a esta comunidad. Mi padre, Eloy Reyes G\u00f3mez, quien era entonces secretario del ayuntamiento, hab\u00eda instalado un colmado en la calle 10 de marzo casi esquina avenida Libertad, frente a la tienda de Nayo, el cual era gestionado por mi hermana Aida. All\u00ed se aparec\u00eda con cierta frecuencia el sargento Guaba, quien acud\u00eda no s\u00f3lo a conversar con mi padre y mi hermana, sino tambi\u00e9n a tomar cerveza o ron, a veces \u00a0hasta emborracharse.<\/p>\n<p>Cuando \u00e9ste sent\u00eda que traspasaba la l\u00ednea del alcohol\u00edmetro, se pon\u00eda de pie y hac\u00eda con las manos unos saludos parsimoniosos de despedida. Tambale\u00e1ndose, a veces, -aunque no quer\u00eda aparentar que estaba ebrio-se empecinaba en caminar hasta el cuartel, ubicado a varios metros del colmado, en la carretera de salida hacia la comunidad de Uvilla.<\/p>\n<p>Ocurr\u00eda que desde que sal\u00eda del colmado, \u00e9ste altivo agente empu\u00f1aba la cacha del rev\u00f3lver, lo desenvainaba y llevaba en la mano durante todo el trayecto hasta la instalaci\u00f3n policial.<\/p>\n<p>-\u201cConmigo hay que tener cuidado, a m\u00ed hay que andarme fino,\u00a0dec\u00eda.\u00a0\u00a0Yo le parto el alma de un tiro al m\u00e1s bonito\u2026\u201d,\u00a0expresaba con indiscutible acento cibae\u00f1o que nos deleitaba a todos como sure\u00f1os al fin. Iba al colmado en la tardecita, casi de noche. Ped\u00eda cerveza o un pote de ron, se sentaba en una \u201csilla de madera y guano\u201d, la cual recostaba del mostrador, de manera sigilosa, de frente a las puertas de entradas. Nunca se sent\u00f3 de espalda a la calle.<\/p>\n<p>A Guaba se le atribu\u00edan bellaquer\u00edas en el seno de la Polic\u00eda, donde incluso sus propios compa\u00f1eros de armas llegaron a temerle. Uno de los cuatro hijos que \u201cenganch\u00f3\u201d \u2013Frank, el tercero en l\u00ednea de nacimiento- (siempre quiso que los diez hijos que tuvo con Aida fueran polic\u00edas, incluyendo las tres hembras) me cont\u00f3 que su padre era temido entre los propios agentes del orden.<\/p>\n<p>-\u201cT\u00edo, cuando yo dec\u00eda que era hijo del sargento Guaba los otros polic\u00edas me miraban con ciertos recelos\u201d,\u00a0relat\u00f3 Frank, quien ya se pension\u00f3 como sargento.\u00a0\u2013\u201cEse hombre met\u00eda miedo hasta con la mirada\u201d,\u00a0dijo que les dec\u00edan sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Dec\u00eda cosas como si la dijera para s\u00ed, pero con la subyacente intenci\u00f3n de ser escuchado por todo el mundo. Un hombre macho,\u00a0 valiente, sin miedo y dispuesto a enfrentarse con quien sea, parece que era el mensaje que quer\u00eda que se conozca de \u00e9l.<\/p>\n<p>A m\u00ed, en mi caso particular, siendo todav\u00eda un imberbe, un mozo que apenas iniciaba mi adolescencia, \u201cun carapicho\u201d como nos dec\u00eda el Padre Geraldo, me gustaba escuchar a Guaba con ese acento de los hombres machos del Cibao. Pero no ten\u00eda ideas de las intenciones de sus peroratas, pero me deleitaron sus imprecaciones, los alardes admonitorios que surg\u00edan de su boca, entre tragos y tragos. En tanto hablaba, sacaba de la canana y exhib\u00eda su lustrado rev\u00f3lver ca\u00f1\u00f3n semi-largo.<\/p>\n<p>\u00bfSe pod\u00eda pensar que Guaba estaba a la defensiva y lanzaba un alerta frente a lo desconocido? Eran tiempos en que la polic\u00eda estaba saturada de pr\u00e9dicas sobre la ideolog\u00eda anticomunista. Los agentes, desde la remota \u00e9poca de la Era de Trujillo y hasta despu\u00e9s, en plena semidictadura del gobierno de Joaqu\u00edn Balaguer, \u00a0ve\u00edan comunistas\u00a0 \u201chasta en la sopa\u201d porque era que a estos se le predicaba sobre la alegada maldad entra\u00f1ada en esta corriente de pensamiento.<\/p>\n<p>Guaba era un agente policial de car\u00e1cter r\u00edgido. Nunca quiso saber de los comunistas. De paso se hac\u00eda temer con expresiones fuertes de hombre dispuesto a todo, como buen cibae\u00f1o. \u2013\u201cYo me mato con cualquiera, no tengo que ver, ya yo estoy pago\u201d-,\u00a0insist\u00eda.<\/p>\n<p>Supe despu\u00e9s que era oriundo de Moca. Los muchachos somos muy observadores y ve\u00eda que mientras tomaba tragos, este astuto polic\u00eda flechaba con sus ojos, de vez en cuando y de cuando en vez a Aida, mi hermana mayor. A veces lo sorprend\u00eda haci\u00e9ndole se\u00f1as, pero yo \u2013a mi corta edad- no entend\u00eda nada de lo que ocurr\u00eda. Sus miradas estaban envueltas con sonrisas \u00a0penetrantes y taimadas que permit\u00edan verle, en su blanca dentadura, el reluciente diente de oro. Pude adivinar sus no tan ocultas intenciones.<\/p>\n<p>En una oportunidad, mientras inger\u00eda su cl\u00e1sica botellita de ron Berm\u00fadez, me hizo se\u00f1a para que vaya hasta donde \u00e9l. Di la vuelta por el mostrador, me le acerqu\u00e9 y entonces me susurr\u00f3:\u00a0-\u201cT\u00fa va a ser mi cu\u00f1ado\u201d. \u00a0Sonre\u00ed inocentemente y entr\u00e9 de nuevo al colmado para ayudar a mi hermana en las ventas.<\/p>\n<p>Aida, llena de curiosidad, pregunt\u00f3 qu\u00e9 me dijo el polic\u00eda. Le repet\u00ed lo que me hab\u00eda dicho. Ella tambi\u00e9n se ri\u00f3:\u00a0\u2013\u201cEst\u00e1 loco \u00e9l si cree que yo le voy a hacer caso a un polic\u00eda\u201d,\u00a0murmur\u00f3. Mi hermana, una hermosa mujer de ojos negros galanos y pelos lacios que llegaban hasta su cintura, hab\u00eda vivido una primera\u00a0 experiencia matrimonial con Humberto, un guardia del Ej\u00e9rcito del poblado, la cual no result\u00f3. Despu\u00e9s, residiendo en la capital, se cas\u00f3 con Fernando, un espigado marinero banilejo, con el que tuvo dos de sus hijos. Pero lleg\u00f3 un momento en que no congeniaron, entre otras cosas porque nuestros padres se opusieron a esa relaci\u00f3n. Pese a que Fernando y ella se quer\u00edan, no pudieron seguir juntos y decidi\u00f3 retornar a Tamayo, a donde \u00e9ste iba con el alegato de\u00a0\u201cver a sus hijos\u201d.\u00a0 \u00c9l, cada vez que la visitaba, le propon\u00eda arreglarse de nuevo,\u00a0pero ella prefiri\u00f3 quedarse en Tamayo con sus hijos y administrar el colmado de nuestro padre.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, estando en el parque del poblado, se detuvo frente a m\u00ed un carro. Desde su interior un hombre \u201cbien parecido\u201d me pregunt\u00f3, con tono militar, por la ubicaci\u00f3n de una calle del lugar y, como no respond\u00ed a la velocidad de su pregunta, arranc\u00f3 raudo en su veh\u00edculo. Cuando regres\u00e9 a mi casa me encontr\u00e9 all\u00e1 \u00a1oh sorpresa! con la misma persona del parque, la cual conversaba animadamente con mis padres. Era Fernando, el padre de Dany y Roberto, que hab\u00eda viajado desde la capital \u201ca ver a sus hijos\u201d y a convencer a Aida de que regrese nuevamente con \u00e9l. Pero mi hermana hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n definitiva de quedarse en Tamayo, sin contar entonces con que all\u00ed ser\u00eda flechada nuevamente por el travieso Cupido.<\/p>\n<p>En tanto, el sargento Guaba, cada vez que pod\u00eda, visitaba el colmado. Con los d\u00edas, este tomaba m\u00e1s confianza y se portaba m\u00e1s amistoso conmigo, comenz\u00f3 a llamarme cu\u00f1ado. Aida nada m\u00e1s lo miraba sin hacer ning\u00fan comentario. En una ocasi\u00f3n \u00e9l me invit\u00f3 a que le acompa\u00f1e a un bar de m\u00fasica rom\u00e1ntica cercano, casi al lado del colmado. Pidi\u00f3 cervezas y puso en la vellonera boleros de Chucho Avellanet, Marcos Antonio Mu\u00f1iz, Javier Sol\u00eds, Roberto Yan\u00e9s, Agust\u00edn Lara, Bienvenido Granda, Rolando La Serie, Daniel Santos, Roberto Ledesma, Gilberto Monroig, Armando Manzanero, Leo Marini y Tito Rodriguez, entre otros muy en boga en esos tiempos. Al t\u00e9rmino de este buen momento, sin precedente a mi edad, Guaba, mir\u00e1ndome como si esperara ver en m\u00ed una \u00a0incre\u00edble reacci\u00f3n, me dice:<\/p>\n<p>-\u201cMire macho, usted es mi cu\u00f1ado \u00bfverdad?&#8230; Pague usted la cuenta\u2026\u201d.\u00a0\u00a0Quise caerme muerto ah\u00ed mismo,\u00a0\u00a1tr\u00e1game tierra!\u00a0\u2013\u201c\u00bfCon qu\u00e9 diablo yo iba a pagar esa cuenta?\u201d,-me dije mientras me arrop\u00f3, vertiginoso, un \u201cbalde\u201d de preocupaciones. Apenas era un mozalbete y no trabajaba. Guaba parec\u00eda gozar con mi aprensi\u00f3n y re\u00eda socarronamente, me hab\u00eda jugado una estresante broma.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el tiempo y Guaba termin\u00f3 conquistando a mi hermana, a la cual mud\u00f3 a la capital. Tuvieron diez hijos (tres mujeres y siete hombres) y producto al parecer del exceso de bebidas alcoh\u00f3licas, enferm\u00f3 gravemente y lo internaron en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas y Polic\u00eda Nacional. Aida, fiel al amor que profes\u00f3 por este hombre que lleg\u00f3 de manera inesperada a su vida, lo cuid\u00f3 d\u00eda por d\u00eda en su lecho del centro de salud.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n ella me relat\u00f3 que en horas nocturnas, en aquellos momentos en que \u00e9ste parec\u00eda dormir,\u00a0 era realmente pre\u00e1mbulos ag\u00f3nicos que presagiaban la llegada de la muerte; se sumerg\u00eda en un extra\u00f1o y profundo mundo de pesadillas, frutos tal vez de las bebidas o de sus tortuosos pasos por la polic\u00eda. De estos sue\u00f1os -me dec\u00eda Aida- despertaba con expresiones exaltadas y desesperadas:<\/p>\n<p>-\u00a1Arda, Arda, me quieren llevar, son ellos Arda, m\u00edralos ah\u00ed, m\u00edralos ah\u00ed\u2026me van a matar!<\/p>\n<p>Mi hermana Juliana Reyes Espejo (Aida) falleci\u00f3 de un infarto hace un mes, colmada de la tranquilidad y bonhom\u00eda que les fueron caracter\u00edsticas.\u00a0 Y como si fuera una extra\u00f1a coincidencia, su muerte ocurri\u00f3 este pasado 14 de febrero, D\u00eda del amor y la amistad.<\/p>\n<p>La familia, aunque a\u00fan sufrimos por su dolorosa partida, hoy rogamos a Dios Todopoderoso que la tenga en el Cielo, y que si no es mucho desear, que sea junto al amor de toda su vida: el sargento Guaba.<\/p>\n<p>*El autor es periodista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Relato: \u00a0Emiliano Reyes Espejo ere.prensa@gmail.com Cuando el sargento Guaba lleg\u00f3 a Tamayo los pobladores los ve\u00edan con ciertos recelos. 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En este contexto de la sociedad tamayense bull\u00eda una juventud con aire de indocilidad que se incub\u00f3 desde los tiempos de la tiran\u00eda. De all\u00ed surgieron estirpes como los fenecidos primos Amable y Rafael Reyes, don Negro Reyes y el m\u00e9dico Manuel Alc\u00e1ntara (propietario de la Cl\u00ednica Altagracia, ubicada en la calle Sabana Larga, de Santo Domingo Este). Tambi\u00e9n, los hermanos Plinio y Manuel Matos Moquete, entre otros j\u00f3venes y mozalbetes que\u00a0 osaron entonces desafiar el terror de la tiran\u00eda trujillista y luego las persecuciones balagueristas. Los habitantes de este poblado, sin embargo, eran gentes apacibles, conservadoras, que se dedicaban mayormente a la producci\u00f3n agr\u00edcola, a trabajar en predios del ingenio Barahona y al comercio. Algunos eran due\u00f1os de tiendas para las ventas de ropas, calzados y chucher\u00edas. 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Tambale\u00e1ndose, a veces, -aunque no quer\u00eda aparentar que estaba ebrio-se empecinaba en caminar hasta el cuartel, ubicado a varios metros del colmado, en la carretera de salida hacia la comunidad de Uvilla. Ocurr\u00eda que desde que sal\u00eda del colmado, \u00e9ste altivo agente empu\u00f1aba la cacha del rev\u00f3lver, lo desenvainaba y llevaba en la mano durante todo el trayecto hasta la instalaci\u00f3n policial. -\u201cConmigo hay que tener cuidado, a m\u00ed hay que andarme fino,\u00a0dec\u00eda.\u00a0\u00a0Yo le parto el alma de un tiro al m\u00e1s bonito\u2026\u201d,\u00a0expresaba con indiscutible acento cibae\u00f1o que nos deleitaba a todos como sure\u00f1os al fin. Iba al colmado en la tardecita, casi de noche. Ped\u00eda cerveza o un pote de ron, se sentaba en una \u201csilla de madera y guano\u201d, la cual recostaba del mostrador, de manera sigilosa, de frente a las puertas de entradas. Nunca se sent\u00f3 de espalda a la calle. A Guaba se le atribu\u00edan bellaquer\u00edas en el seno de la Polic\u00eda, donde incluso sus propios compa\u00f1eros de armas llegaron a temerle. Uno de los cuatro hijos que \u201cenganch\u00f3\u201d \u2013Frank, el tercero en l\u00ednea de nacimiento- (siempre quiso que los diez hijos que tuvo con Aida fueran polic\u00edas, incluyendo las tres hembras) me cont\u00f3 que su padre era temido entre los propios agentes del orden. -\u201cT\u00edo, cuando yo dec\u00eda que era hijo del sargento Guaba los otros polic\u00edas me miraban con ciertos recelos\u201d,\u00a0relat\u00f3 Frank, quien ya se pension\u00f3 como sargento.\u00a0\u2013\u201cEse hombre met\u00eda miedo hasta con la mirada\u201d,\u00a0dijo que les dec\u00edan sus compa\u00f1eros. Dec\u00eda cosas como si la dijera para s\u00ed, pero con la subyacente intenci\u00f3n de ser escuchado por todo el mundo. Un hombre macho,\u00a0 valiente, sin miedo y dispuesto a enfrentarse con quien sea, parece que era el mensaje que quer\u00eda que se conozca de \u00e9l. A m\u00ed, en mi caso particular, siendo todav\u00eda un imberbe, un mozo que apenas iniciaba mi adolescencia, \u201cun carapicho\u201d como nos dec\u00eda el Padre Geraldo, me gustaba escuchar a Guaba con ese acento de los hombres machos del Cibao. Pero no ten\u00eda ideas de las intenciones de sus peroratas, pero me deleitaron sus imprecaciones, los alardes admonitorios que surg\u00edan de su boca, entre tragos y tragos. En tanto hablaba, sacaba de la canana y exhib\u00eda su lustrado rev\u00f3lver ca\u00f1\u00f3n semi-largo. \u00bfSe pod\u00eda pensar que Guaba estaba a la defensiva y lanzaba un alerta frente a lo desconocido? Eran tiempos en que la polic\u00eda estaba saturada de pr\u00e9dicas sobre la ideolog\u00eda anticomunista. Los agentes, desde la remota \u00e9poca de la Era de Trujillo y hasta despu\u00e9s, en plena semidictadura del gobierno de Joaqu\u00edn Balaguer, \u00a0ve\u00edan comunistas\u00a0 \u201chasta en la sopa\u201d porque era que a estos se le predicaba sobre la alegada maldad entra\u00f1ada en esta corriente de pensamiento. Guaba era un agente policial de car\u00e1cter r\u00edgido. Nunca quiso saber de los comunistas. De paso se hac\u00eda temer con expresiones fuertes de hombre dispuesto a todo, como buen cibae\u00f1o. \u2013\u201cYo me mato con cualquiera, no tengo que ver, ya yo estoy pago\u201d-,\u00a0insist\u00eda. Supe despu\u00e9s que era oriundo de Moca. Los muchachos somos muy observadores y ve\u00eda que mientras tomaba tragos, este astuto polic\u00eda flechaba con sus ojos, de vez en cuando y de cuando en vez a Aida, mi hermana mayor. A veces lo sorprend\u00eda haci\u00e9ndole se\u00f1as, pero yo \u2013a mi corta edad- no entend\u00eda nada de lo que ocurr\u00eda. Sus miradas estaban envueltas con sonrisas \u00a0penetrantes y taimadas que permit\u00edan verle, en su blanca dentadura, el reluciente diente de oro. Pude adivinar sus no tan ocultas intenciones. En una oportunidad, mientras inger\u00eda su cl\u00e1sica botellita de ron Berm\u00fadez, me hizo se\u00f1a para que vaya hasta donde \u00e9l. Di la vuelta por el mostrador, me le acerqu\u00e9 y entonces me susurr\u00f3:\u00a0-\u201cT\u00fa va a ser mi cu\u00f1ado\u201d. \u00a0Sonre\u00ed inocentemente y entr\u00e9 de nuevo al colmado para ayudar a mi hermana en las ventas. Aida, llena de curiosidad, pregunt\u00f3 qu\u00e9 me dijo el polic\u00eda. Le repet\u00ed lo que me hab\u00eda dicho. Ella tambi\u00e9n se ri\u00f3:\u00a0\u2013\u201cEst\u00e1 loco \u00e9l si cree que yo le voy a hacer caso a un polic\u00eda\u201d,\u00a0murmur\u00f3. Mi hermana, una hermosa mujer de ojos negros galanos y pelos lacios que llegaban hasta su cintura, hab\u00eda vivido una primera\u00a0 experiencia matrimonial con Humberto, un guardia del Ej\u00e9rcito del poblado, la cual no result\u00f3. Despu\u00e9s, residiendo en la capital, se cas\u00f3 con Fernando, un espigado marinero banilejo, con el que tuvo dos de sus hijos. Pero lleg\u00f3 un momento en que no congeniaron, entre otras cosas porque nuestros padres se opusieron a esa relaci\u00f3n. Pese a que Fernando y ella se quer\u00edan, no pudieron seguir juntos y decidi\u00f3 retornar a Tamayo, a donde \u00e9ste iba con el alegato de\u00a0\u201cver a sus hijos\u201d.\u00a0 \u00c9l, cada vez que la visitaba, le propon\u00eda arreglarse de nuevo,\u00a0pero ella prefiri\u00f3 quedarse en Tamayo con sus hijos y administrar el colmado de nuestro padre. Un d\u00eda, estando en el parque del poblado, se detuvo frente a m\u00ed un carro. Desde su interior un hombre \u201cbien parecido\u201d me pregunt\u00f3, con tono militar, por la ubicaci\u00f3n de una calle del lugar y, como no respond\u00ed a la velocidad de su pregunta, arranc\u00f3 raudo en su veh\u00edculo. Cuando regres\u00e9 a mi casa me encontr\u00e9 all\u00e1 \u00a1oh sorpresa! con la misma persona del parque, la cual conversaba animadamente con mis padres. Era Fernando, el padre de Dany y Roberto, que hab\u00eda viajado desde la capital \u201ca ver a sus hijos\u201d y a convencer a Aida de que regrese nuevamente con \u00e9l. Pero mi hermana hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n definitiva de quedarse en Tamayo, sin contar entonces con que all\u00ed ser\u00eda flechada nuevamente por el travieso Cupido. En tanto, el sargento Guaba, cada vez que pod\u00eda, visitaba el colmado. Con los d\u00edas, este tomaba m\u00e1s confianza y se portaba m\u00e1s amistoso conmigo, comenz\u00f3 a llamarme cu\u00f1ado. Aida nada m\u00e1s lo miraba sin hacer ning\u00fan comentario. En una ocasi\u00f3n \u00e9l me invit\u00f3 a que le acompa\u00f1e a un bar de m\u00fasica rom\u00e1ntica cercano, casi al lado del colmado. Pidi\u00f3 cervezas y puso en la vellonera boleros de Chucho Avellanet, Marcos Antonio Mu\u00f1iz, Javier Sol\u00eds, Roberto Yan\u00e9s, Agust\u00edn Lara, Bienvenido Granda, Rolando La Serie, Daniel Santos, Roberto Ledesma, Gilberto Monroig, Armando Manzanero, Leo Marini y Tito Rodriguez, entre otros muy en boga en esos tiempos. Al t\u00e9rmino de este buen momento, sin precedente a mi edad, Guaba, mir\u00e1ndome como si esperara ver en m\u00ed una \u00a0incre\u00edble reacci\u00f3n, me dice: -\u201cMire macho, usted es mi cu\u00f1ado \u00bfverdad?&#8230; Pague usted la cuenta\u2026\u201d.\u00a0\u00a0Quise caerme muerto ah\u00ed mismo,\u00a0\u00a1tr\u00e1game tierra!\u00a0\u2013\u201c\u00bfCon qu\u00e9 diablo yo iba a pagar esa cuenta?\u201d,-me dije mientras me arrop\u00f3, vertiginoso, un \u201cbalde\u201d de preocupaciones. Apenas era un mozalbete y no trabajaba. Guaba parec\u00eda gozar con mi aprensi\u00f3n y re\u00eda socarronamente, me hab\u00eda jugado una estresante broma. Pas\u00f3 el tiempo y Guaba termin\u00f3 conquistando a mi hermana, a la cual mud\u00f3 a la capital. Tuvieron diez hijos (tres mujeres y siete hombres) y producto al parecer del exceso de bebidas alcoh\u00f3licas, enferm\u00f3 gravemente y lo internaron en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas y Polic\u00eda Nacional. Aida, fiel al amor que profes\u00f3 por este hombre que lleg\u00f3 de manera inesperada a su vida, lo cuid\u00f3 d\u00eda por d\u00eda en su lecho del centro de salud. En una ocasi\u00f3n ella me relat\u00f3 que en horas nocturnas, en aquellos momentos en que \u00e9ste parec\u00eda dormir,\u00a0 era realmente pre\u00e1mbulos ag\u00f3nicos que presagiaban la llegada de la muerte; se sumerg\u00eda en un extra\u00f1o y profundo mundo de pesadillas, frutos tal vez de las bebidas o de sus tortuosos pasos por la polic\u00eda. De estos sue\u00f1os -me dec\u00eda Aida- despertaba con expresiones exaltadas y desesperadas: -\u00a1Arda, Arda, me quieren llevar, son ellos Arda, m\u00edralos ah\u00ed, m\u00edralos ah\u00ed\u2026me van a matar! Mi hermana Juliana Reyes Espejo (Aida) falleci\u00f3 de un infarto hace un mes, colmada de la tranquilidad y bonhom\u00eda que les fueron caracter\u00edsticas.\u00a0 Y como si fuera una extra\u00f1a coincidencia, su muerte ocurri\u00f3 este pasado 14 de febrero, D\u00eda del amor y la amistad. La familia, aunque a\u00fan sufrimos por su dolorosa partida, hoy rogamos a Dios Todopoderoso que la tenga en el Cielo, y que si no es mucho desear, que sea junto al amor de toda su vida: el sargento Guaba. *El autor es periodista.<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"footnotes":""},"categories":[52],"tags":[],"class_list":["post-116390","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/116390","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=116390"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/116390\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":116392,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/116390\/revisions\/116392"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=116390"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=116390"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=116390"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}