{"id":117155,"date":"2021-04-02T12:57:47","date_gmt":"2021-04-02T16:57:47","guid":{"rendered":"http:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=117155"},"modified":"2021-04-02T12:57:47","modified_gmt":"2021-04-02T16:57:47","slug":"un-intelectual-de-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2021\/04\/02\/un-intelectual-de-papel\/","title":{"rendered":"Un intelectual de papel"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-117156 alignleft\" src=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/thumbnail_Foto-Periodico-Jose-Valentin.jpg\" alt=\"\" width=\"185\" height=\"169\" \/>Valent\u00edn P\u00e9rez<\/p>\n<p>Ramiro inclin\u00f3 su brazo y dos monedas cayeron sobre mis manos, hab\u00eda sido la primera vez que alguien me hiciese tan grato agasajo\u2013 gracias don Ramiro tartamude\u00e9 avergonzado, pero satisfecho por el obsequio. Le conoc\u00ed desde siempre; delgado, de escasa cabellera, voz estridente, tez oscura y mirada profunda. Cargaba un revolver ce\u00f1ido a la cintura como si se tratase de una especie de talism\u00e1n al que rend\u00eda culto irrestrictamente.<\/p>\n<p>Cre\u00eddo y de poca formaci\u00f3n vanagloriaba su riqueza; beodo empedernido y tah\u00far hasta el tu\u00e9tano sol\u00eda manejar altas sumas de billetes que acariciaba con fogosidad hasta terminar con dolores en las yemas de los dedos y callos en las palmas de las manos. Le admiraba, exhib\u00eda una estrafalaria verborrea que me desconcertaba; en cuesti\u00f3n de segundos citaba decenas de escritores de diversas nacionalidades y fustigaba el imperio yanqui como nunca escuch\u00e9 a nadie hacerlo, excepto a Ch\u00e1vez.<\/p>\n<p>Bailar\u00edn incansable, de personalidad jocosa, presum\u00eda de su atuendo. Bohemio de naturaleza y temperamento bipolar despampanaba todo a su alrededor, yo lo cre\u00eda un intelectual, le admiraba.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s y a medida que profundizaba en mis lecturas e investigaciones consuetudinarias perd\u00ed la virginidad ocular, aquella figura rimb\u00f3mbate de voz estridente, tez oscura y mirada profunda comenzaba a perder mi admiraci\u00f3n; se hab\u00eda convertido en un intelectual de papel, de cuando en vez le veo, le abrazo y ensalzo pero ya no me deslumbra, su discurso es el mismo, se qued\u00f3 suspendido en el tiempo; a\u00fan me habla de la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn y el facismo de Mussolini.<\/p>\n<p>Sus historias me recuerdan a Edgar Allan Poe y su deslumbrante novela \u201cLos cr\u00edmenes de la calle morgue.\u201d<\/p>\n<p>Los a\u00f1os han pasado y dej\u00f3 de usar su talism\u00e1n en la cintura, no cuenta billetes y a veces luce desilusionado de la vida; lucha por mantener su esp\u00edritu jovial. Su pelo can\u00fazco y ojos deprimidos delatan su inconformidad consigo mismo, divaga insensatamente y redunda una y otra vez en trivialidades.<\/p>\n<p>Me han dicho que cada vez m\u00e1s pierde facultades audiovisuales y su insensatez por las cosas del pasado son mayores. En el pasado pulseaba con \u00e9l, hoy le contemplo con tristeza; dej\u00f3 de ser mi Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n, Luke Harding, Gaetano Mosca, o m\u00e1s a\u00fan mi Norberto Bobbio, es un simple mortal al que la vida me obliga a querer y respetar, es un intelectual de papel.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Valent\u00edn P\u00e9rez Ramiro inclin\u00f3 su brazo y dos monedas cayeron sobre mis manos, hab\u00eda sido la primera vez que alguien me hiciese tan grato agasajo\u2013 gracias don Ramiro tartamude\u00e9 avergonzado, pero satisfecho por el obsequio. Le conoc\u00ed desde siempre; delgado, de escasa cabellera, voz estridente, tez oscura y mirada profunda. Cargaba un revolver ce\u00f1ido a la cintura como si se tratase de una especie de talism\u00e1n al que rend\u00eda culto irrestrictamente. Cre\u00eddo y de poca formaci\u00f3n vanagloriaba su riqueza; beodo empedernido y tah\u00far hasta el tu\u00e9tano sol\u00eda manejar altas sumas de billetes que acariciaba con fogosidad hasta terminar con dolores en las yemas de los dedos y callos en las palmas de las manos. Le admiraba, exhib\u00eda una estrafalaria verborrea que me desconcertaba; en cuesti\u00f3n de segundos citaba decenas de escritores de diversas nacionalidades y fustigaba el imperio yanqui como nunca escuch\u00e9 a nadie hacerlo, excepto a Ch\u00e1vez. Bailar\u00edn incansable, de personalidad jocosa, presum\u00eda de su atuendo. Bohemio de naturaleza y temperamento bipolar despampanaba todo a su alrededor, yo lo cre\u00eda un intelectual, le admiraba. Despu\u00e9s y a medida que profundizaba en mis lecturas e investigaciones consuetudinarias perd\u00ed la virginidad ocular, aquella figura rimb\u00f3mbate de voz estridente, tez oscura y mirada profunda comenzaba a perder mi admiraci\u00f3n; se hab\u00eda convertido en un intelectual de papel, de cuando en vez le veo, le abrazo y ensalzo pero ya no me deslumbra, su discurso es el mismo, se qued\u00f3 suspendido en el tiempo; a\u00fan me habla de la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn y el facismo de Mussolini. Sus historias me recuerdan a Edgar Allan Poe y su deslumbrante novela \u201cLos cr\u00edmenes de la calle morgue.\u201d Los a\u00f1os han pasado y dej\u00f3 de usar su talism\u00e1n en la cintura, no cuenta billetes y a veces luce desilusionado de la vida; lucha por mantener su esp\u00edritu jovial. Su pelo can\u00fazco y ojos deprimidos delatan su inconformidad consigo mismo, divaga insensatamente y redunda una y otra vez en trivialidades. 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