{"id":134689,"date":"2025-02-09T10:48:08","date_gmt":"2025-02-09T14:48:08","guid":{"rendered":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=134689"},"modified":"2025-02-09T10:48:09","modified_gmt":"2025-02-09T14:48:09","slug":"sabes-que-ocurrio-en-un-acto-largo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2025\/02\/09\/sabes-que-ocurrio-en-un-acto-largo\/","title":{"rendered":"\u00bfSabes qu\u00e9 ocurri\u00f3 en un acto largo?"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/file.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-134690\" style=\"width:725px;height:auto\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Oscar L\u00f3pez Reyes<\/p>\n\n\n\n<p>Al prolongarse demasiado el acto, un individuo mal vestido -con los bigotes m\u00e1s peque\u00f1os y gruesos que el c\u00f3mico ingl\u00e9s Charles Chaplin- comenz\u00f3 a bostezar y a roncar desde una silla que, para sentarse en ella, le desprendi\u00f3 el letrero que dec\u00eda: \u201creservada\u201d. Como el ronquido se o\u00eda mucho m\u00e1s que los discursos, el m\u00e1s cercano lo pellizc\u00f3 con el dedo pulgar y luego le tap\u00f3 la boca. Y -\u00a1ahhh!- buscando que se le quite el sue\u00f1o, el caballero hastiado se acomod\u00f3 en un asiento vac\u00edo de la mesa de honor. \u00a1Vaya!<\/p>\n\n\n\n<p>La actividad hab\u00eda iniciado a las 7:00 de la noche, en un ancho sal\u00f3n que alberg\u00f3 a unos 100 asistentes, los cuales en un principio luc\u00edan rozagantes y animados. Como un pavo real, el conocido maestro de la ceremonia se extendi\u00f3 en una facundia con desparpajo, ley\u00f3 una largu\u00edsima semblanza y salud\u00f3 con una cola de elogios a todos los presentes. La retah\u00edla de oradores impresion\u00f3 en una dilatada verbosidad, fue presentado un video de una hora y diez homenajeados discursearon hasta por los codos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el alargamiento del evento, una lluvia breve y peregrina, acompa\u00f1ada de un vapor condensado proveniente de la atm\u00f3sfera, abraz\u00f3 en gotas menudas la piel humana, que pulverizaron la frescura y el esplendor de esa sufrida noche de elocuencia. En la tromba de esa temperatura de alta presi\u00f3n, los concurrentes se retiraban escurridizos, y ya a las 11 de la noche menos de diez personas bostezaban y piezas de una rica picadera -ajadas por la larguirucha espera- lloraban porque no iban a dormir en est\u00f3magos de advenedizos.<\/p>\n\n\n\n<p>El que quiera medir el grado de imprudencia, impuntualidad y desarmon\u00eda, con cansancio, estiramientos, perfumes fuertes, estornudos y hambre, solo tiene que participar en uno de los actos que se organizan en esta parte Este de la isla de Santo Domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>Paran el pecho detr\u00e1s del micr\u00f3fono, como jeques \u00e1rabes, personas que hablan m\u00e1s de la cuenta, diciendo sin control todo lo que les llega a la cabeza, repitiendo las mismas cosas, haciendo movimientos bruscos, sec\u00e1ndose el sudor y poni\u00e9ndose las manos por cualquier zona del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos jeques \u00e1rabes invitan a ceremonias al presidente de la Rep\u00fablica de turno, en sus discursos lo ponen contra la espada y la pared -aqu\u00ed la Iglesia Cat\u00f3lica bate r\u00e9cord-, y en la mesa de honor sientan, para complacer a todo el mundo, hasta 30 personas, y no a cinco; colocan la Bandera Nacional al rev\u00e9s, no cantan el Himno Nacional y maestros de ceremonias hacen el rid\u00edculo con bober\u00edas improvisadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando depositan ofrendas florales en el altar de la patria, auspiciadores platican de todo -aumentos de sueldos, solicitudes de m\u00e1s beneficios particulares y hasta amenazas de huelgas-, menos de los padres de la patria, ni de la fecha. En espacios cerrados, comensales se desbordan, con impaciencia rompen o ponen a sonar copas, tenedores, y se tiran encima jarras de agua, platos de sopa, tazas, cafeteras, cubiertos, cristales y lozas.<\/p>\n\n\n\n<p>En esos actos, que duran hasta cuatro horas y no una hora como es lo recomendable, se oyen conversaciones \u00edntimas en voz alta por celulares, se chuchichea a los o\u00eddos, se discute con irracionales, se chasquean los dedos e inhalan bocanadas de humo. \u00bfLe gustar\u00eda verse en ese espejo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El autor es presidente de la Asociaci\u00f3n Dominicana de Profesionales de Relaciones P\u00fablicas (Asodoprep).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oscar L\u00f3pez Reyes Al prolongarse demasiado el acto, un individuo mal vestido -con los bigotes m\u00e1s peque\u00f1os y gruesos que el c\u00f3mico ingl\u00e9s Charles Chaplin- comenz\u00f3 a bostezar y a roncar desde una silla que, para sentarse en ella, le desprendi\u00f3 el letrero que dec\u00eda: \u201creservada\u201d. Como el ronquido se o\u00eda mucho m\u00e1s que los discursos, el m\u00e1s cercano lo pellizc\u00f3 con el dedo pulgar y luego le tap\u00f3 la boca. Y -\u00a1ahhh!- buscando que se le quite el sue\u00f1o, el caballero hastiado se acomod\u00f3 en un asiento vac\u00edo de la mesa de honor. \u00a1Vaya! La actividad hab\u00eda iniciado a las 7:00 de la noche, en un ancho sal\u00f3n que alberg\u00f3 a unos 100 asistentes, los cuales en un principio luc\u00edan rozagantes y animados. Como un pavo real, el conocido maestro de la ceremonia se extendi\u00f3 en una facundia con desparpajo, ley\u00f3 una largu\u00edsima semblanza y salud\u00f3 con una cola de elogios a todos los presentes. La retah\u00edla de oradores impresion\u00f3 en una dilatada verbosidad, fue presentado un video de una hora y diez homenajeados discursearon hasta por los codos. Con el alargamiento del evento, una lluvia breve y peregrina, acompa\u00f1ada de un vapor condensado proveniente de la atm\u00f3sfera, abraz\u00f3 en gotas menudas la piel humana, que pulverizaron la frescura y el esplendor de esa sufrida noche de elocuencia. En la tromba de esa temperatura de alta presi\u00f3n, los concurrentes se retiraban escurridizos, y ya a las 11 de la noche menos de diez personas bostezaban y piezas de una rica picadera -ajadas por la larguirucha espera- lloraban porque no iban a dormir en est\u00f3magos de advenedizos. El que quiera medir el grado de imprudencia, impuntualidad y desarmon\u00eda, con cansancio, estiramientos, perfumes fuertes, estornudos y hambre, solo tiene que participar en uno de los actos que se organizan en esta parte Este de la isla de Santo Domingo. Paran el pecho detr\u00e1s del micr\u00f3fono, como jeques \u00e1rabes, personas que hablan m\u00e1s de la cuenta, diciendo sin control todo lo que les llega a la cabeza, repitiendo las mismas cosas, haciendo movimientos bruscos, sec\u00e1ndose el sudor y poni\u00e9ndose las manos por cualquier zona del cuerpo. Esos jeques \u00e1rabes invitan a ceremonias al presidente de la Rep\u00fablica de turno, en sus discursos lo ponen contra la espada y la pared -aqu\u00ed la Iglesia Cat\u00f3lica bate r\u00e9cord-, y en la mesa de honor sientan, para complacer a todo el mundo, hasta 30 personas, y no a cinco; colocan la Bandera Nacional al rev\u00e9s, no cantan el Himno Nacional y maestros de ceremonias hacen el rid\u00edculo con bober\u00edas improvisadas. Cuando depositan ofrendas florales en el altar de la patria, auspiciadores platican de todo -aumentos de sueldos, solicitudes de m\u00e1s beneficios particulares y hasta amenazas de huelgas-, menos de los padres de la patria, ni de la fecha. En espacios cerrados, comensales se desbordan, con impaciencia rompen o ponen a sonar copas, tenedores, y se tiran encima jarras de agua, platos de sopa, tazas, cafeteras, cubiertos, cristales y lozas. En esos actos, que duran hasta cuatro horas y no una hora como es lo recomendable, se oyen conversaciones \u00edntimas en voz alta por celulares, se chuchichea a los o\u00eddos, se discute con irracionales, se chasquean los dedos e inhalan bocanadas de humo. \u00bfLe gustar\u00eda verse en ese espejo? \u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026 El autor es presidente de la Asociaci\u00f3n Dominicana de Profesionales de Relaciones P\u00fablicas (Asodoprep).<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"footnotes":""},"categories":[15,52],"tags":[],"class_list":["post-134689","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nacionales","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=134689"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134689\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":134691,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134689\/revisions\/134691"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=134689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=134689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=134689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}