{"id":139063,"date":"2025-09-19T18:33:23","date_gmt":"2025-09-19T22:33:23","guid":{"rendered":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=139063"},"modified":"2025-09-19T18:33:23","modified_gmt":"2025-09-19T22:33:23","slug":"cuidemos-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2025\/09\/19\/cuidemos-la-fe\/","title":{"rendered":"Cuidemos la fe"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"640\" src=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/c4178949-771f-4da0-bdd1-41e7651b16e5.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-139064\" style=\"width:840px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/c4178949-771f-4da0-bdd1-41e7651b16e5.jpg 640w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/c4178949-771f-4da0-bdd1-41e7651b16e5-150x150.jpg 150w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/c4178949-771f-4da0-bdd1-41e7651b16e5-333x333.jpg 333w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\"><\/figure>\n\n\n\n<p>Por  Elio Valdez<\/p>\n\n\n\n<p>Desde tiempos antiguos, los pueblos siempre han necesitado creer en algo o en alguien. Esa necesidad de confiar, de tener una gu\u00eda, ha sido parte de nuestra naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede ser un l\u00edder pol\u00edtico, un deportista, una figura empresarial o un referente comunitario. Pero por encima de todos ellos, siempre ha existido una figura que, para muchos, representa un v\u00ednculo m\u00e1s profundo: el l\u00edder religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de la historia de nuestra naci\u00f3n, desde el descubrimiento hasta la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica, la fe ha estado presente como un pilar moral y espiritual. No solo como una pr\u00e1ctica religiosa, sino como un s\u00edmbolo de esperanza, de consuelo y de orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, vivimos tiempos en los que esa fe comienza a desgastarse. No porque la espiritualidad haya perdido valor, sino porque algunos de sus representantes han fallado, y lo han hecho de forma p\u00fablica, frecuente y dolorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad puede perdonar muchos errores. A los pol\u00edticos se les tolera su doble discurso, a los empresarios sus excesos, y a los artistas sus esc\u00e1ndalos. Pero cuando quien cae en la falta es un pastor, un sacerdote o un predicador, el golpe es m\u00e1s profundo. La decepci\u00f3n es mayor. La herida, m\u00e1s dif\u00edcil de sanar.<br>Hoy vemos c\u00f3mo l\u00edderes religiosos se involucran en esc\u00e1ndalos que van desde abusos, corrupci\u00f3n, contradicciones morales o transformaciones personales que desdibujan su antiguo compromiso con los principios que predicaban. Y aunque tienen todo el derecho de vivir sus vidas y reinventarse, lo cierto es que el impacto de su ca\u00edda no es individual, sino colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si es cierto que d\u00e9cadas atr\u00e1s este tipo de cosas pasaban pero no tan a menudo. Un pastor se mete a la pol\u00edtica (tiene todo su derecho) llega a una posici\u00f3n y es un fracaso, un sacerdotes abusado de violar a un menor (en la iglesia cat\u00f3lica arrastra este pecado por siglos), un pastor evang\u00e9lico es arrestado en una fiesta de la comunidad LGBT y Q, un predicador abandona el p\u00falpito y se mete a influencer, una pastora que estaba sin nalgas, fea y vulnerable, ahora aparece en las redes sociales con m\u00e1s nalgas que la Insuperable.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque cuando el pueblo ya ha sido defraudado por la pol\u00edtica, la justicia, la econom\u00eda y la educaci\u00f3n, la fe se convierte en su \u00faltimo refugio. Si tambi\u00e9n la fe se tambalea, \u00bfen qu\u00e9 puede sostenerse la esperanza?<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no es un llamado a juzgar ni a se\u00f1alar con el dedo. Es, m\u00e1s bien, una invitaci\u00f3n a cuidar la fe con responsabilidad y coherencia. A recordar que ser l\u00edder espiritual no es solo un t\u00edtulo, sino un compromiso con la verdad, con la humildad, con el cristianismo y el ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos proteger la fe no como una instituci\u00f3n, sino como un valor que ayuda a miles a levantarse cada d\u00eda, a encontrar sentido a sus vidas, a perdonar, a resistir y a creer en un ma\u00f1ana mejor. Porque sin fe, y sin confianza en quienes la representan, corremos el riesgo de caer en el cinismo, en la indiferencia y, finalmente, en el caos moral.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Elio Valdez Desde tiempos antiguos, los pueblos siempre han necesitado creer en algo o en alguien. Esa necesidad de confiar, de tener una gu\u00eda, ha sido parte de nuestra naturaleza. Puede ser un l\u00edder pol\u00edtico, un deportista, una figura empresarial o un referente comunitario. Pero por encima de todos ellos, siempre ha existido una figura que, para muchos, representa un v\u00ednculo m\u00e1s profundo: el l\u00edder religioso. A lo largo de la historia de nuestra naci\u00f3n, desde el descubrimiento hasta la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica, la fe ha estado presente como un pilar moral y espiritual. No solo como una pr\u00e1ctica religiosa, sino como un s\u00edmbolo de esperanza, de consuelo y de orden. Sin embargo, vivimos tiempos en los que esa fe comienza a desgastarse. No porque la espiritualidad haya perdido valor, sino porque algunos de sus representantes han fallado, y lo han hecho de forma p\u00fablica, frecuente y dolorosa. La sociedad puede perdonar muchos errores. A los pol\u00edticos se les tolera su doble discurso, a los empresarios sus excesos, y a los artistas sus esc\u00e1ndalos. Pero cuando quien cae en la falta es un pastor, un sacerdote o un predicador, el golpe es m\u00e1s profundo. La decepci\u00f3n es mayor. La herida, m\u00e1s dif\u00edcil de sanar.Hoy vemos c\u00f3mo l\u00edderes religiosos se involucran en esc\u00e1ndalos que van desde abusos, corrupci\u00f3n, contradicciones morales o transformaciones personales que desdibujan su antiguo compromiso con los principios que predicaban. Y aunque tienen todo el derecho de vivir sus vidas y reinventarse, lo cierto es que el impacto de su ca\u00edda no es individual, sino colectivo. Si es cierto que d\u00e9cadas atr\u00e1s este tipo de cosas pasaban pero no tan a menudo. Un pastor se mete a la pol\u00edtica (tiene todo su derecho) llega a una posici\u00f3n y es un fracaso, un sacerdotes abusado de violar a un menor (en la iglesia cat\u00f3lica arrastra este pecado por siglos), un pastor evang\u00e9lico es arrestado en una fiesta de la comunidad LGBT y Q, un predicador abandona el p\u00falpito y se mete a influencer, una pastora que estaba sin nalgas, fea y vulnerable, ahora aparece en las redes sociales con m\u00e1s nalgas que la Insuperable. Porque cuando el pueblo ya ha sido defraudado por la pol\u00edtica, la justicia, la econom\u00eda y la educaci\u00f3n, la fe se convierte en su \u00faltimo refugio. Si tambi\u00e9n la fe se tambalea, \u00bfen qu\u00e9 puede sostenerse la esperanza? Esto no es un llamado a juzgar ni a se\u00f1alar con el dedo. Es, m\u00e1s bien, una invitaci\u00f3n a cuidar la fe con responsabilidad y coherencia. 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