{"id":139803,"date":"2025-10-21T20:54:10","date_gmt":"2025-10-22T00:54:10","guid":{"rendered":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=139803"},"modified":"2025-10-21T20:54:11","modified_gmt":"2025-10-22T00:54:11","slug":"del-derecho-a-la-manipulacion-el-riesgo-de-usar-la-ley-como-arma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2025\/10\/21\/del-derecho-a-la-manipulacion-el-riesgo-de-usar-la-ley-como-arma\/","title":{"rendered":"Del derecho a la manipulaci\u00f3n:\u00a0el riesgo de usar la ley como arma."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"853\" height=\"1024\" src=\"\" alt=\"\" class=\"wp-image-139804\" srcset=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/thumbnail_Nolberto-Batista-853x1024.jpg 853w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/thumbnail_Nolberto-Batista-667x800.jpg 667w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/thumbnail_Nolberto-Batista-768x922.jpg 768w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/thumbnail_Nolberto-Batista-1280x1536.jpg 1280w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/thumbnail_Nolberto-Batista.jpg 1284w\" sizes=\"auto, (max-width: 853px) 100vw, 853px\"><\/figure>\n\n\n\n<p>Por Nolberto Batista<\/p>\n\n\n\n<p>El derecho deber\u00eda ser un escudo, algo que nos proteja a todos por igual y que equilibre las relaciones en la sociedad. Pero muchas veces se convierte en otra cosa, en un instrumento que algunos usan para presionar, retrasar decisiones o ganar ventaja. Y cuando eso sucede, la justicia deja de sentirse justa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s preocupante es c\u00f3mo estas pr\u00e1cticas afectan la vida de las personas. Procesos que deber\u00edan resolverse con rapidez se eternizan, recursos que deber\u00edan estar disponibles se bloquean, familias y empresas se ven atrapadas en conflictos interminables. Todo esto termina generando desconfianza, no s\u00f3lo hacia quienes act\u00faan mal, sino hacia el sistema en s\u00ed. La justicia deja de ser un refugio y se siente como un laberinto lleno de obst\u00e1culos invisibles.<\/p>\n\n\n\n<p>El poder econ\u00f3mico, la influencia o la posici\u00f3n social no deber\u00edan cambiar nada de esto. Cada vez que el derecho se usa para manipular, se env\u00eda un mensaje silencioso pero potente: algunos tienen privilegios que otros no. Y esa percepci\u00f3n erosiona algo esencial en cualquier sociedad: la fe en que todos somos iguales ante la ley.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de se\u00f1alar a personas o casos concretos, sino de mirar con honestidad lo que ocurre cuando se permite que la ley se convierta en un arma. Cada abuso deja una huella, y cuando estas huellas se acumulan, la confianza p\u00fablica se debilita, y con ella, la misma idea de justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>Si queremos que la justicia cumpla su prop\u00f3sito, debemos recordarnos a nosotros mismos que la ley es de todos y para todos. Que su valor no est\u00e1 solo en los c\u00f3digos o los tribunales, sino en c\u00f3mo la respetamos y defendemos cada d\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se olvida esto, todos perdemos, porque la justicia deja de ser un derecho y se convierte en una herramienta que puede inclinarse hacia quien tenga m\u00e1s poder.<\/p>\n\n\n\n<p>La reflexi\u00f3n es simple pero profunda: proteger la justicia no es solo tarea de jueces y abogados, es responsabilidad de todos. Y s\u00f3lo cuando cada uno de nosotros comprende el peso de la ley y la respeta, podemos esperar que la justicia vuelva a ser ese escudo que deber\u00eda ser.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Nolberto Batista El derecho deber\u00eda ser un escudo, algo que nos proteja a todos por igual y que equilibre las relaciones en la sociedad. Pero muchas veces se convierte en otra cosa, en un instrumento que algunos usan para presionar, retrasar decisiones o ganar ventaja. Y cuando eso sucede, la justicia deja de sentirse justa. Lo m\u00e1s preocupante es c\u00f3mo estas pr\u00e1cticas afectan la vida de las personas. Procesos que deber\u00edan resolverse con rapidez se eternizan, recursos que deber\u00edan estar disponibles se bloquean, familias y empresas se ven atrapadas en conflictos interminables. Todo esto termina generando desconfianza, no s\u00f3lo hacia quienes act\u00faan mal, sino hacia el sistema en s\u00ed. La justicia deja de ser un refugio y se siente como un laberinto lleno de obst\u00e1culos invisibles. El poder econ\u00f3mico, la influencia o la posici\u00f3n social no deber\u00edan cambiar nada de esto. Cada vez que el derecho se usa para manipular, se env\u00eda un mensaje silencioso pero potente: algunos tienen privilegios que otros no. Y esa percepci\u00f3n erosiona algo esencial en cualquier sociedad: la fe en que todos somos iguales ante la ley. No se trata de se\u00f1alar a personas o casos concretos, sino de mirar con honestidad lo que ocurre cuando se permite que la ley se convierta en un arma. Cada abuso deja una huella, y cuando estas huellas se acumulan, la confianza p\u00fablica se debilita, y con ella, la misma idea de justicia. Si queremos que la justicia cumpla su prop\u00f3sito, debemos recordarnos a nosotros mismos que la ley es de todos y para todos. Que su valor no est\u00e1 solo en los c\u00f3digos o los tribunales, sino en c\u00f3mo la respetamos y defendemos cada d\u00eda.&nbsp; Cuando se olvida esto, todos perdemos, porque la justicia deja de ser un derecho y se convierte en una herramienta que puede inclinarse hacia quien tenga m\u00e1s poder. La reflexi\u00f3n es simple pero profunda: proteger la justicia no es solo tarea de jueces y abogados, es responsabilidad de todos. 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