{"id":140792,"date":"2025-11-26T14:22:56","date_gmt":"2025-11-26T18:22:56","guid":{"rendered":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/?p=140792"},"modified":"2025-11-26T14:23:19","modified_gmt":"2025-11-26T18:23:19","slug":"cronica-desde-la-casa-de-alofoke","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexiondigital.com.do\/index.php\/2025\/11\/26\/cronica-desde-la-casa-de-alofoke\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica desde \u00abla Casa de Alofoke\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"732\" height=\"1024\" src=\"\" alt=\"\" class=\"wp-image-140793\" style=\"width:840px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-732x1024.jpg 732w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-572x800.jpg 572w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-768x1075.jpg 768w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-1098x1536.jpg 1098w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-1463x2048.jpg 1463w, https:\/\/images.conexiondigital.com.do\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/thumbnail_DSC_0168-scaled.jpg 1829w\" sizes=\"auto, (max-width: 732px) 100vw, 732px\"><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Roberto Valenzuela<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me provoca una sonrisa la llamada \u00abCasa de Alofoke\u00bb, ese escenario que algunos contemplan con desd\u00e9n, como si fuera la manifestaci\u00f3n m\u00e1s cruda de \u00abla plebe dominicana y de Puerto Rico\u00bb. Se olvidan \u2014o prefieren olvidar\u2014 que ese espacio no pretende ser un auditorio acad\u00e9mico, sino entretenimiento puro. Y para entretener a la gente del caser\u00edo, del patio, del callej\u00f3n, de la parte de atr\u00e1s, hay que hablar su idioma, con sus c\u00f3digos, su cadencia y su verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los personajes que desfilan por ah\u00ed \u2014La Fruta, Capit\u00e1n Alou, Mami Jordan, La Ben\u00edtez, La Perversa, La Insuperable y dem\u00e1s\u2014 son precisamente eso: sociolog\u00eda popular en estado natural, un espejo donde se refleja un pa\u00eds que existe, respira y camina a nuestro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>A esos \u00abplebes\u00bb \u2014dicho sin \u00e1nimo de herir, sino para nombrar a hombres y mujeres del pueblo\u2014 no se les puede exigir la pulcritud de la academia si la misma sociedad que hoy los critica jam\u00e1s les brind\u00f3 educaci\u00f3n ni oportunidades. Vienen \u00abbatiendo el cobre\u00bb, \u00abcon el cuchillo en la boca\u00bb, avanzando a puro esfuerzo, desde comunidades donde el progreso es un visitante escaso. En un pa\u00eds que no suele tender la mano a los de abajo. Es m\u00e1s f\u00e1cil apuntar el dedo acusador, m\u00e1s dif\u00edcil preguntarse por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia lo confirma: la plebe siempre ha sido la olvidada, la empujada a los m\u00e1rgenes. La palabra \u2014del lat\u00edn plebs, plebis\u2014 se usaba y a\u00fan se usa para definir al desheredado, al pobre, al que carga la vida sin herencias que lo alivien. No es raro escuchar: \u00abpero fulano s\u00ed es plebe\u00bb, como si fuese una sentencia de inferioridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siguen vivas expresiones como \u00aba la plebe hay que mantenerla con pan y circo\u00bb o \u00abla plebe quiere ver sangre\u00bb, herencia directa de los coliseos romanos, donde el pueblo alcanzaba el \u00e9xtasis viendo gladiadores despedazarse o caer ante las fieras. La emoci\u00f3n de la masa era un espect\u00e1culo tanto como la lucha en s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, como ayer, llamar a alguien \u00abplebe\u00bb equivale a decirle vulgar, prosaico. En la jerga callejera se les dice \u00abmalapalabrosos\u00bb. Curiosa iron\u00eda: quienes nunca tuvieron acceso a la palabra \u201ccorrecta\u201d, ahora son juzgados por no usarla.<\/p>\n\n\n\n<p>En los debates actuales resuena con fuerza otra palabra: plebiscito. Figura jur\u00eddica manoseada, pero con ra\u00edces profundas. En la Roma antigua, los plebeyos \u2014la clase m\u00e1s baja, aunque mayor\u00eda aplastante\u2014 carec\u00edan de derechos: no ocupaban cargos, no decid\u00edan, no eran tomados en cuenta ni<\/p>\n\n\n\n<p>como ciudadanos. Iban a la guerra, pero, cuando llegaba el reparto del bot\u00edn, se les dejaba fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que un d\u00eda decidieron reunirse y crear sus propias asambleas, sus propias leyes, sus propios plebiscitos. Fue el primer grito colectivo de una clase que, cansada de ser invisible, exigi\u00f3 ser pueblo de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, el plebiscito qued\u00f3 como s\u00edmbolo de consulta popular directa. Porque la plebe no es solo la \u201cclase baja\u201d: es multitud, gente, pueblo, masa viva.<\/p>\n\n\n\n<p>La Real Academia Espa\u00f1ola y otros diccionarios definen plebe como quienes ocupan el nivel socioecon\u00f3mico m\u00e1s bajo, los marginados del progreso. Oxford Languages lo resume con cierta crudeza: \u00abCon la transfiguraci\u00f3n de las realidades en apariencias, se tiene a la plebe contenta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, los patricios \u2014del lat\u00edn patricius, \u201cpadre\u201d\u2014 eran los nobles, los descendientes de los primeros fundadores de Roma, los \u00abpadres fundadores\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00e9rmino sigue vivo: hablamos de los padres fundadores de Estados Unidos, del patricio Juan Pablo Duarte, o de cualquier figura que siembre las bases de una naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La plebe y los patricios: dos palabras antiguas que a\u00fan recorren nuestro lenguaje y nuestras miradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras algunos miran la \u00abCasa de Alofoke\u00bb como un circo moderno, tal vez convenga recordar que, en todas las \u00e9pocas, donde est\u00e1 el pueblo, ah\u00ed est\u00e1 la verdadera historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Valenzuela Me provoca una sonrisa la llamada \u00abCasa de Alofoke\u00bb, ese escenario que algunos contemplan con desd\u00e9n, como si fuera la manifestaci\u00f3n m\u00e1s cruda de \u00abla plebe dominicana y de Puerto Rico\u00bb. Se olvidan \u2014o prefieren olvidar\u2014 que ese espacio no pretende ser un auditorio acad\u00e9mico, sino entretenimiento puro. Y para entretener a la gente del caser\u00edo, del patio, del callej\u00f3n, de la parte de atr\u00e1s, hay que hablar su idioma, con sus c\u00f3digos, su cadencia y su verdad. Los personajes que desfilan por ah\u00ed \u2014La Fruta, Capit\u00e1n Alou, Mami Jordan, La Ben\u00edtez, La Perversa, La Insuperable y dem\u00e1s\u2014 son precisamente eso: sociolog\u00eda popular en estado natural, un espejo donde se refleja un pa\u00eds que existe, respira y camina a nuestro lado. A esos \u00abplebes\u00bb \u2014dicho sin \u00e1nimo de herir, sino para nombrar a hombres y mujeres del pueblo\u2014 no se les puede exigir la pulcritud de la academia si la misma sociedad que hoy los critica jam\u00e1s les brind\u00f3 educaci\u00f3n ni oportunidades. Vienen \u00abbatiendo el cobre\u00bb, \u00abcon el cuchillo en la boca\u00bb, avanzando a puro esfuerzo, desde comunidades donde el progreso es un visitante escaso. En un pa\u00eds que no suele tender la mano a los de abajo. Es m\u00e1s f\u00e1cil apuntar el dedo acusador, m\u00e1s dif\u00edcil preguntarse por qu\u00e9. La historia lo confirma: la plebe siempre ha sido la olvidada, la empujada a los m\u00e1rgenes. La palabra \u2014del lat\u00edn plebs, plebis\u2014 se usaba y a\u00fan se usa para definir al desheredado, al pobre, al que carga la vida sin herencias que lo alivien. No es raro escuchar: \u00abpero fulano s\u00ed es plebe\u00bb, como si fuese una sentencia de inferioridad. Y siguen vivas expresiones como \u00aba la plebe hay que mantenerla con pan y circo\u00bb o \u00abla plebe quiere ver sangre\u00bb, herencia directa de los coliseos romanos, donde el pueblo alcanzaba el \u00e9xtasis viendo gladiadores despedazarse o caer ante las fieras. La emoci\u00f3n de la masa era un espect\u00e1culo tanto como la lucha en s\u00ed. Hoy, como ayer, llamar a alguien \u00abplebe\u00bb equivale a decirle vulgar, prosaico. En la jerga callejera se les dice \u00abmalapalabrosos\u00bb. Curiosa iron\u00eda: quienes nunca tuvieron acceso a la palabra \u201ccorrecta\u201d, ahora son juzgados por no usarla. En los debates actuales resuena con fuerza otra palabra: plebiscito. Figura jur\u00eddica manoseada, pero con ra\u00edces profundas. En la Roma antigua, los plebeyos \u2014la clase m\u00e1s baja, aunque mayor\u00eda aplastante\u2014 carec\u00edan de derechos: no ocupaban cargos, no decid\u00edan, no eran tomados en cuenta ni como ciudadanos. Iban a la guerra, pero, cuando llegaba el reparto del bot\u00edn, se les dejaba fuera. Hasta que un d\u00eda decidieron reunirse y crear sus propias asambleas, sus propias leyes, sus propios plebiscitos. Fue el primer grito colectivo de una clase que, cansada de ser invisible, exigi\u00f3 ser pueblo de verdad. Desde entonces, el plebiscito qued\u00f3 como s\u00edmbolo de consulta popular directa. Porque la plebe no es solo la \u201cclase baja\u201d: es multitud, gente, pueblo, masa viva. La Real Academia Espa\u00f1ola y otros diccionarios definen plebe como quienes ocupan el nivel socioecon\u00f3mico m\u00e1s bajo, los marginados del progreso. Oxford Languages lo resume con cierta crudeza: \u00abCon la transfiguraci\u00f3n de las realidades en apariencias, se tiene a la plebe contenta\u00bb. En cambio, los patricios \u2014del lat\u00edn patricius, \u201cpadre\u201d\u2014 eran los nobles, los descendientes de los primeros fundadores de Roma, los \u00abpadres fundadores\u00bb. El t\u00e9rmino sigue vivo: hablamos de los padres fundadores de Estados Unidos, del patricio Juan Pablo Duarte, o de cualquier figura que siembre las bases de una naci\u00f3n. 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