Marco de Referencia

Por Edmundo Ledesma

En los primeros cinco años de gestión del presidente Luis Abinader, la economía ha sido zigzagueante y carente de sostenibilidad.
El producto interno bruto (PBI), excluyendo los años 2020 por la pandemia que hizo caer la economía y el 2021 por el rebote estadístico, ha sido intermitente y hasta anémico.
El PIB del 2008 al 2019, creció en un 5.0% promedio anual, pero durante el periodo 2022 al 2025 fue solo un 3.89%, es decir que la economía dominicana experimento una desaceleración de 1.11 puntos porcentuales.
Los pronósticos al comienzo del 2025 eran alentadores, el Banco Central, predijo un crecimiento cercano al 5%, impulsado por un entorno internacional más favorable y una recuperación sostenida del consumo privado y la inversión.
El Banco Mundial proyecto un crecimiento entre 4.7% y 5% y el Fondo Monetario Internacional perfilaba una ampliación del PIB de un 5.0%.
Las predicciones positivas se desplomaron, pues es último informe del Banco Central, revela que “en el primer semestre del año la economía solo creció un 2,7% y que en el mes de junio fue de tan solo 1,2%.
Los datos macroeconómicos preocupan. El saldo de la deuda del sector público no financiero al 16 de agosto de 2020 era de US$ 39,178 millones y a junio de 2025, se ha elevado a US$ 60,954 millones, para un aumento de US$ 21,776 millones.
En ese mismo lapso de tiempo la deuda del Banco Central se incrementó en US$ 4,827 millones, por tanto la deuda pública consolidada suma US$ 73,084.9 millones, al mes de marzo de 2025.
El desplome del crecimiento económico ha provocado una disminución de los ingresos programados en el presupuesto, y esto sumado al aumento desproporcionado de las nomina publica, las pensiones, el gasto social y el subsidio eléctrico a comprometido las finanzas públicas al punto que el economistas, Andrés Dauhajre Hijo. en su artículo, La trampa del gasto corriente, sostiene que «Las finanzas públicas del país están secuestradas por el exceso de gasto corriente. Hemos caído, lamentablemente, en la trampa del gasto corriente: los gastos corrientes superan los ingresos corrientes del Gobierno Central, lo que obliga a Hacienda a endeudarse dentro y fuera del país para financiar gastos corrientes que no pueden ser cubiertos con los ingresos corrientes provenientes, fundamentalmente, de los ingresos tributarios y no tributarios».

Visto desde la óptica del economista Juan Ramon Mejía Betances, quien además es miembro de la Dirección Central de la Fuerza del Pueblo en su articulo «Un año de improvisación económica y clientelismo presupuestario, apunta que «Lejos de consolidarse como un período de reformas estructurales, este primer año ha estado marcado por la improvisación, la baja ejecución presupuestaria, el clientelismo y decisiones económicas contradictorias que han debilitado la confianza en la estabilidad del país.»

Dada la estructura del gasto público, la estreches presupuestaria y el tamaño de la deuda externa, el país necesita reenfocar su Estrategia Nacional de Desarrollo establecida en la constitucion, para impulsar una reforma fiscal que eleve los ingresos, mejore la calidad del gasto público, promueva la formalización del empleo, a través de una planificación fiscal que augure el crecimiento sostenible e inclusivo.

Un Comentario a: Bajo crecimiento económico, deuda pública y reforma fiscal