
Edmundo Ledesma
Al inicio de este 2025 las expectativas de crecimiento de la Republica Dominicana eran alentadoras, pues de acuerdo a las proyecciones del Banco Central, la economía dominicana experimentaría un crecimiento cercano al 5%, impulsado por un entorno internacional más favorable y una recuperación sostenida del consumo privado y la inversión.
Dichas proyecciones fueron refrendadas por organismos internacionales como el Banco Mundial que a principios de año vaticinó que el país crecería entre 4.7% y 5%.
El Fondo Monetario Internacional perfilaba que nuestra nación sería la de mejor desempeño en la región de América Central y el Caribe para el año 2025, con una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) estimado en un 5.0%.
Sin embargo, el arribo del presidente Donald Trump al solio presidencial de los EEUU, con su guerra arancelaria y su estilo disruptivo y controversial provocaron tensiones geopolíticas y geoeconómicas que ralentizaron la economía mundial y disminuyeron las proyecciones de crecimiento de la economía mundial en general y de la Republica Dominicana en particular.
Es por ello que la Reserva Federal de los Estados Unidos decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia en el rango de 4.25% y 4.50%. Además proyectó un crecimiento económico de apenas 1.7%, por debajo del 2.7% estimado anteriormente.
Varios premios novel estadounidense como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Eric Maskin advirtieron que la política arancelaria de la administración Trump perjudicaría tanto a la economía de Estados Unidos como a la del resto del mundo y así ocurrió y aunque ha habido una pausa a la implementación de los impuestos aduaneros ya el daño está hecho.
Estados Unidos, es nuestro principal social comercial, la mayor cantidad de remesas, inversión extranjera directa y turistas, vienen desde allá, por tanto existe un vínculo económico indisoluble entre ambas naciones. Por eso, si la economía norteamericana sufre, Republica Dominicana también sufre.
El crecimiento acumulado de la economía durante enero-mayo 2025, se ubicó en 2.6 % con respecto al mismo periodo del año anterior, apenas el 50% de su potencial que es de 5%. El Banco Central actualizó su pronóstico a la baja a 3.5%.
Las autoridades monetarias han realizado esfuerzos ingentes para cambiar la tendencia y el pasado mes de junio la Junta Monetaria liberó RD$81 mil millones para propiciar condiciones monetarias favorables y contribuir al dinamismo de la actividad económica
Sin embargo, como explicó el padre del monetarismo Milton Friedman, la política monetaria tiene un efecto variable y de rezago, lo que implica que los aportes al crecimiento económico por la libración de esos fondos se reflejarían a principios de próximo año 2026.
Además el Banco Central mantuvo relativamente elevada su tasa de interés de política monetaria (TPM) en 5.75% anual, debido a que la tasa de interés de la Reserva Federal se mantuvo alta (4.5%), y si la autoridad monetaria la baja podría provocar una disminución de las reservas internacionales lo que pondría en peligro la estabilidad macroeconómica del país.
Está claro que el Banco Central tiene poco espacio para estimular la actividad económica debido a un entorno internacional desfavorable.
La aplicación de una política fiscal como instrumento catalizador del crecimiento también es limitado.
El servicio de la deuda pública de país desde el 1 de enero al 20 de junio de este año equivale al 30.8% de los ingresos y al 27.6% del gasto.
Las operaciones fiscales registran un déficit fiscal de 71 mil 319.6 millones, 0.9% del producto interno bruto (PIB), un servicio de la deuda ascendente a RD$188,898.8 millones, de los cuales RD$130,340 millones son de intereses y RD$54,558.8 millones de amortización.
El gasto público del Gobierno Central, aumentó apenas un 2.7% y se registró una fuerte caída del gasto de capital de 16.4% frente a igual período del 2024.
La estreches fiscal y monetaria Languidecen las posibilidades de que a través de una agresiva inversión pública y una expansión monetaria se pueda recuperar el espacio perdido en materia de crecimiento económico.

